El Dr. James W. Pennebaker de a universidad de Texas en EEUU, ya hace unos años nos sugirió que escribieramos para corregir aquellos traumas profundos que no han cicatrizado y guardamos en la memoria corporal. El ejercicio en cuestión consiste en escribir casi, o no tan casi, de forma automática durante 20 minutos 4 noches seguidas.
Pero además una investigación reciente de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) constató que escribir ayuda, además, a acelerar la cicatrización de las heridas físicas.
Elizabeth Broadbent, psicóloga del departamento de medicina que dirigió el estudio “Escritura expresiva y curación de heridas en personas mayores”, publicado en el número de julio de Psychosomatic Medicine, dice que la escritura funciona como cicatrizante cuando actúa sobre eventos tristes “o los sentimientos más profundos de la persona”. Hasta ahora, lo probaron en adultos de 64 a 97 años. A los 49 participantes se les hizo una biopsia que dejó una herida en sus brazos, se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día y cada cuatro o cinco días, los investigadores fotografiaron sus lesiones hasta que curaron.
Tomemos la idea metafórica de que el corazón es cálido y emotivo, mientras que la cabeza es fría y racional. En un estudio publicado en agosto de 2013 en Journal of Personality and Social Psychology, los investigadores hicieron creer a los participantes que iban a estudiar cómo se responde cuando no se puede utilizar la mano hábil. Para asegurar que los probandos no lo hicieran, se les instruyó que tenían que colocar el índice de esa mano, bien en la sien, bien sobre el lado izquierdo del pecho. Los que apoyaron el índice en la sien respondieron más acertadamente a las preguntas de la prueba. En cambio, quienes apuntaron al corazón, al plantearles un dilema moral, se prestaron más a modificar sus juicios por razones emotivas. Este hallazgo viene a sumarse a una larga lista de efectos metafóricos: en investigaciones anteriores se observó que la visión de movimiento hacia adelante nos induce a «avanzar» en sentido metafórico, asimismo, al palpar texturas suaves las interacciones sociales difíciles parecen «suavizarse».
En todos esos estudios, la influencia de las metáforas
implícitas escapó a la explicitación consciente; esto es, los probandos
no apreciaron vínculos entre sus sensaciones y los sentimientos o
decisiones subsiguientes. Los investigadores conjeturan, no obstante,
que podríamos valernos de este efecto modificando nuestro entorno o
nuestros hábitos; por ejemplo, decorando la oficina con objetos o
imágenes que evoquen progresión. «La palpación activa y esperanzada de
un objeto, con el fin de que influya en la situación, seguramente no
producirá efectos inmediatos», explica Joshua Ackerman, psicólogo en el
Instituto de Tecnología de Massachusetts y coautor del trabajo. «Pero si
tal comportamiento se torna habitual, se irá dejando gradualmente de
pensar en su finalidad; entonces el efecto será más acusado.»
En un sentido similar, la liberación de las
restricciones percibidas puede facilitar un pensamiento más ocurrente.
En una serie de experimentos, publicados en mayo de 2012 en Psychological Science,
se evaluó la capacidad creativa de los participantes, sentados unos
dentro de una gran caja de cartón y los demás fuera de ella. En otro
experimento, unos probandos podían pasear con toda libertad y a su
antojo, mientras otros disponían tan solo de un terreno rectangular para
desplazarse. Los sujetos que gozaban de mayor libertad puntuaron más en
las medidas típicas de pensamiento creativo. Angela Leung, profesora de
psicología en la Universidad de Empresariales de Singapur y coautora
del estudio, afirma que se puede estimular la propia creatividad cuando
se eliminan restricciones de movimiento, por ejemplo, si se pasea por la
oficina o se camina sin rumbo por un parque. La clave reside en la
variedad y espontaneidad: «Si quiere ser más creativo, salga de casa,
eche a correr libremente y al albur por un día. No se atenga a la ruta
diaria ni a la hora habitual; cambie de música e incluso de ritmo»,
aconseja Leung.
En cualquier situación, fíjese en lo que le rodea, en
los estímulos que perciben sus sentidos, en sus actos. Es posible que
influyan en sus procesos mentales por medio de las sutiles metáforas
implícitas en la vida cotidiana.
Bibliografía:
http://www.cepfami.com/blog/escribir-para-sanar-el-poder-terapeutico-de-la-escritura/
http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/66/metforas-ocultas-que-se-infiltran-en-la-mente-12040
http://es.sott.net/article/11637-Escribir-para-sanar
